Uno de los diversos estudios que se han hecho en las últimas décadas para realizar un viaje interestelar no tripulado, que en mi humilde opinión es uno de los más realistas y prácticos hasta la fecha, pero que es muy poco conocido es el Proyecto Longshot.
El Proyecto Longshot
Desarrollado a finales de los 80, concretamente entre 1987 y 1988, por la U.S Naval Academy y la NASA, parte del mismo concepto que el Proyecto Dédalo y, aunque son bastante similares entre sí, es lo suficientemente interesante como para dedicarle un artículo.
Comentaba que Longshot y Dédalo son proyectos bastante similares entre sí, y con razón: el objetivo del proyecto Longshot no es otro que el de enviar una nave no tripulada al Sistema Alpha Centauri, en un viaje de unos 100 años de duración, utilizando para ello la tecnología existente o disponible en un futuro a corto plazo, es decir, 20 o 30 años.
Y las similitudes no acaban aquí, pero creo que es mejor que lo veamos sobre la marcha y, de paso, empecemos a hablar de las diferencias. Veamos el perfil de la misión que consta básicamente de 7 puntos:
- Ensamblado de componentes modulares en tierra
- Lanzamiento de los componentes a una órbita baja (LEO)
- Ensamblado de los módulos en la Estación Espacial
- Traslado de la nave a un punto fuera del Sistema Solar, mediante propulsión química, donde establecer una trayectoria para el viaje interestelar
- Ignición del propulsor de fusión y comienzo del viaje interestelar
- Transmisión de datos sobre el medio interestelar y los campos magnéticos durante el viaje.
- Establecer una órbita elíptica alrededor de Beta Centauri y comenzar la transmisión de datos
Como podéis ver, la principal diferencia con respecto al Proyecto Dédalo es que, mientras aquel no contemplaba una fase de deceleración, el Proyecto Longshot no solo la contempla sino que además pretende orbitar una de las Estrellas que componen el sistema Alpha Centauri que fue escogido por su proximidad a nuestro Sistema Solar, por tratarse de un sistema formado por tres estrellas y por los avances en el campo de la Astrometría que podría implicar su estudio.
Para lograr su objetivo, los científicos involucrados en el proyecto pensaron, ya que la tecnología disponible en la época no era adecuada, que era necesario lograr avances en tres campos diferentes: propulsión, inteligencia artificial y fiabilidad.
Por lo que respecta a la propulsión, el sistema elegido era básicamente el mismo que para el Proyecto Dédalo, un cohete nuclear de pulsos basado en reacciones de fusión que utilizaría como combustible pequeñas píldoras de deuterio y helio-3. Aquí cabe destacar la necesidad de un sistema de propulsión adicional basado en cohetes químicos para trasladar a la nave desde la órbita baja en la que se ha ensamblado hasta un punto fuera del Sistema Solar donde activar el motor de fusión para el viaje interestelar (y es que no parece muy sano hacerlo en la órbita baja de la Tierra). El peso total de la nave se estimaba en unas 396 toneladas, 264 de las cuales corresponderían solo al combustible.
¿Qué tendrá el cohete nuclear de pulsos para que tantos proyectos lo contemplen como sistema de propulsión? Pues sencillamente que en aquella época parecía el único sistema capaz, a corto plazo, de llevarnos a otras estrellas. No solo ofrecía un empuje superior en varios órdenes de magnitud con respecto a los cohetes químicos convencionales con mucho menos combustible, o con respecto a los motores iónicos, además era un sistema que podía estar disponible en un futuro cercano antes incluso que el sugerente motor de antimateria.
Eso no significa que no esté exento de problemas: el combustible necesario, el helio-3, no es precisamente abundante. Los muchachos del Longshot se plantearon tres formas de conseguirlo: explotaciones mineras en Júpiter, fabricación en aceleradores de partículas, o recolección directa en el Viento Solar. Ninguna de las tres parece sencilla.
En lo que concierne a la IA, debido a que es un vuelo no tripulado y a que no es posible realizar un control en tiempo real desde tierra a causa de los retardos de tiempo involucrados, esta debe ser autosuficiente. El avance tecnológico en el campo de la IA es importante, pero también lo es el avance del hardware, especialmente en lo que se refiere a miniaturización de componentes. Pensad que los cálculos que habían realizado basándose en el hardware de finales de los 80 para un sistema con la inteligencia y velocidad necesarias y que incorporase componentes redundantes, útiles en caso de fallos, requerían de un computador enorme con un sistema de refrigeración del tamaño de una central nuclear. No tengo palabras para describir los motores necesarios para mover semejante mastodonte.
Y en cuanto a la fiabilidad, bueno, hay que tener en cuenta que la nave iba a realizar un viaje de 100 años y todos sus sistemas debían estar plenamente operativos durante ese periodo de tiempo. ¿Cuantas máquinas han estado operativas por más de un siglo sin reparaciones?
¿El resultado final? La nave debía decelerar y establecer una órbita elíptica alrededor de la estrella Beta Centauri donde la IA comenzaría una batería de estudios y pruebas cuyos resultados se enviarían a la Tierra por medio de un láser de alta energía que utilizaría una modulación codificada de pulsos. Para ello, cuando la nave llevase poco más de 71 años de viaje, esta apagaría sus motores para rotar 180º y a continuación volvería a encenderlos frenando así su avance. Una vez terminada la fase de deceleración, el mismo sistema utilizado para rotar la nave debería servir para ubicarla en la órbita de Beta Centauri.
Ciertamente este proyecto parece más factible que su predecesor, el Dédalo, pero sigue siendo económicamente desorbitado y tecnológicamente futurista, y solo posible involucrando a un gran número de países en él.
Pero ¿Quién sabe? Tal vez en 40 o 50 años algunos disfruten en su proyector holográfico de otro gran paso para la humanidad. Pero claro, yo no quiero esperar tanto…
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