Posteado por: samuraiquark | diciembre 1, 2007

Viaje Interestelar (III)

Proyecto DédaloLo sé, lo sé, he estado ausente por más de un mes, pero es porque la vida, la mala vida, me ha mantenido muy ocupado. Hoy he regresado para continuar con mi serie de artículos sobre el viaje interestelar y, en concreto, para hablaros del Proyecto Dédalo.

El Proyecto Dédalo fue uno de los primeros estudios cuyo objetivo era demostrar que el viaje interestelar no tripulado es una posibilidad práctica. Este proyecto, auspiciado por la Sociedad Interplanetaria Británica y liderado por Alan Bond, se desarrolló entre 1973 y 1978 bajo tres premisas primordiales que pretendían garantizar su practicidad:

  • La nave debía utilizar tecnología existente o en su defecto tecnología disponible en un futuro a corto plazo.
  • La nave debería alcanzar su destino en el plazo de una vida humana.
  • El diseño de la nave debía ser lo suficientemente flexible para permitir su uso en una gran variedad de objetivos.

Una vez establecidas las directrices del proyecto el primer objetivo, escogido al considerar que podría estar orbitado al menos por un planeta, fue la Estrella de Barnard, una enana roja situada a 5,9 años luz de nuestro Sistema Solar. Se pretendía alcanzar esta estrella en un plazo inferior a 50 años, para lo cual era necesario viajar, al menos, a un 12% de la velocidad de la luz, así que una de las primeras consideraciones a tomar era el sistema de propulsión utilizado en la nave.

Aunque en los orígenes del proyecto se había tomado en cuenta la posibilidad de utilizar un propulsor ramjet, que básicamente consiste en recolectar el hidrógeno existente en el medio interestelar y generar una reacción de fusión nuclear controlada para obtener una aceleración, finalmente se optó por utilizar un cohete nuclear de pulsos, que ya se había estudiado para el Proyecto Orión, con la salvedad de que en esta ocasión, en lugar de reacciones de fisión nuclear, el sistema de propulsión utilizaría reacciones de fusión nuclear mediante una técnica conocida como fusión de confinamiento interno. Este sistema de propulsión funcionaría básicamente del siguiente modo: en la cámara de combustión de la nave se introducen pequeñas píldoras que contienen una mezcla de Deuterio y Helio-3, y que son bombardeadas por un rayo de electrones de alta energía haciéndolas explotar como si de mini bombas termonucleares se tratase. Un potente campo magnético confina y canaliza las explosiones de modo que el plasma acelerado a altas velocidades sale por la parte trasera de la nave provocando una aceleración.

Así, haciendo explotar 250 de estas pequeñas píldoras de combustible por segundo, la velocidad de crucero deseada podría alcanzarse durante una fase de aceleración de 4 años. Aunque este tipo de propulsión, al igual que en el Proyecto Orión, adolece básicamente de los mismos problemas: el número de píldoras de combustible necesarias para acelerar la nave durante 4 años a un ritmo de 250 por segundo es de cientos de miles de millones y el sistema de propulsión debe ser fiable al cien por cien.

Pensad que esta nave tendría una altura total de de 550 m y un peso de 54.000 toneladas, 50.000 de las cuales corresponderían solo al combustible. Está nave estaría constituida de tres partes:

  • Una primera sección muy grande, compuesta de un racimo de seis de depósitos esféricos para combustible y una gran trompa de descarga.
  • Una segunda sección, mucho más pequeña, compuesta por cuatro depósitos para el combustible.
  • Un módulo para la carga útil donde se encontraría el cerebro electrónico de a bordo, un conjunto de sondas automáticas interplanetarias, una serie de telescopios y otros instrumentos de observación.

Evidentemente, semejante paquidermo espacial, solo podría construirse en órbita y a un elevado coste. De hecho, los diseñadores de la misma, planteaban como posibilidad construirla en la órbita de Júpiter, donde podría abastecerse del combustible necesario para el viaje.

Otros problemas adicionales a considerar son, por ejemplo:

  • El sistema de guiado y navegación. Obviamente, la nave debe incorporar un sistema de propulsión auxiliar, con su propio combustible, para reorientar su rumbo.
  • El efecto de la radiación cósmica sobre los componentes electrónicos, ya que la radiación recibida por estos al viajar a estas velocidades puede acabar con su operatividad antes de finalizar el viaje.
  • La comunicación con la nave a grandes distancias.
  • El sistema de reparación autónomo, pues los componentes de la nave pueden estropearse o sufrir desperfectos.
  • La colisión con pequeñas partículas del medio interestelar que pueden erosionar el casco de la nave.

Para resolver estos problemas, se plantearon algunas soluciones algo futuristas que, evidentemente, en aquella época no estaban disponibles, ni aún en la actualidad. Así, la nave, debía incorporar una IA capaz de controlar todos los sistemas de forma autónoma y reaccionar ante imprevistos o desperfectos (el equivalente real de HAL 9000), ya que debido a las grandes distancias, la intervención humana desde Tierra no podría hacerse en tiempo real, pues las señales tardarían años en llegar. La nave también dispondría de pequeños robots controlados por la computadora de a bordo para realizar reparaciones en pleno viaje.

Otra de las soluciones propuestas en el diseño del Proyecto Dédalo es la incorporación de un disco de Berilio de 50 toneladas y 7 milímetros de grosor cuya función era proteger la nave de las colisiones producidas con el polvo interestelar y pequeños meteoroides, así como la creación de una nube protectora de partículas situada a unos 200 Km. de la parte delantera de la nave que ayudaría a dispersar las partículas más grandes que se encontrase en su camino, especialmente aquellas encontradas en el Sistema Solar objetivo.

Y a pesar del elevado coste que intuimos tiene este tipo de naves, ¡se trata de vehículos desechables! Sí, el Proyecto Dédalo no contempla una fase de deceleración, razón por la que es una nave no tripulada, de manera que al llegar a su punto de destino, debe soltar las sondas que lleva a bordo, que son las encargadas de recopilar información de la estrella principal y los planetas asociados a ella, y enviarla a la computadora de a bordo que a su vez la transmitirá a la Tierra. Después la nave pondrá rumbo a otra estrella y así sucesivamente hasta que agote su energía y se convierta en un proyectil errante.

Tecnológicamente futurista, económicamente desorbitado y ecológicamente dudoso. Parece que no hemos mejorado tanto desde que analizamos el Proyecto Orión, aunque no cabe duda de que es un proyecto aparentemente realizable.

Está claro que tendremos que continuar nuestra búsqueda de un modo de viajar a las estrellas.

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Responses

  1. […] entre 1987 y 1988, por la U.S Naval Academy y la NASA, parte del mismo concepto que el Proyecto Dédalo y, aunque son bastante similares entre sí, es lo suficientemente interesante como para dedicarle […]

  2. el problema mas grande es que la sonda no puede frenar locual es una desbentaja muy grande ademas la estrella bernard es muy antigua

  3. Saludos renato,

    efectivamente es un gran problema, especialmente si tenemos intención de ir a bordo algún día. Pero como habrás visto no es el único. El objetivo de este proyecto no es otro que el de enviar una sonda a otro Sistema Solar, es decir, es como enviar una sonda a Marte pero a lo tremendamente grande. En este sentido, escoger la estrella Barnard, más que con la posibilidad de encontrar planetas habitados, tiene que ver con la cercanía y la duración del viaje.

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  6. en que año fue lansado ala estreya de barnat el proyecto dedalo

  7. Lamento tener que informarte, Luis Ángel, de que el proyecto Dédalo no llegó a ponerse en práctica. Al menos, no que sepamos.

  8. […] la década de los 70, del siglo XX, se gestó el Proyecto Dédalo, uno de los primeros estudios científicos serios para el viaje interestelar, planteado por la […]


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