Posteado por: samuraiquark | agosto 16, 2011

¿La formación de dos Lunas?

Es cierto, cuesta imaginarlo. Es realmente difícil llegar a comprender como era nuestro Sistema Solar hace 4.500 millones de años y la magnitud de los acontecimientos que pudieron dar lugar al nacimiento de nuestra Luna. Hoy conocemos nuestro Sistema Solar como un lugar relativamente tranquilo en el que de vez en cuando suceden acontecimientos impresionantes, como la colisión de algún pequeño meteorito en nuestro pequeño planeta.

Sin embargo, las señales que observamos en nuestro satélite, la Luna, y en otros planetas del Sistema Solar, nos dan indicios de una vida mucho más agitada y de la presencia de grandes, enormes, colisiones. Y no solo en la actualidad. Hoy en día se ve la infancia de nuestro Sistema Solar, como una época violenta y salvaje, donde múltiples cuerpos crecían rápidamente y competían por el espacio disponible y por su supremacía.

En un entorno tan competitivo, donde la materia de la nube primordial que formaba nuestro Sistema Solar, se agregaba y colisionaba para formar en primer lugar pequeñas rocas, después grandes bloques de roca y finalmente, a lo largo de millones de años, los planetas, era posible que la Tierra no fuese el único cuerpo en una órbita a esa distancia del Sol, o quizás en una órbita cercana, entre la Tierra y Marte. Y al parecer, este rival, que posiblemente competía con nuestra Tierra por un lugar en el Sistema Solar, era un planeta del tamaño de Marte, al que hoy denominamos Theia u Orfeo.

Por desgracia para Orfeo, su órbita era demasiado cercana a la de la Tierra como para mantenerse estable a medida que su masa crecía, por lo que, inevitablemente, acabo por escapar a ella, llevándole este hecho a una vida errante con un único destino: La Tierra. El encuentro no ocurrió inmediatamente, pues pasaron cientos de años antes de que ambos planetas iniciasen su particular contienda final por la supervivencia.

Cuando el momento llegó, Orfeo estaba preparado, e inició su ataque contra la Tierra a la nada desdeñable velocidad de 11km/s. Los detalles no están del todo claros: Orfeo, con un diámetro de aproximadamente la mitad que el de la Tierra, pudo colisionar de forma oblicua, quedando gran parte de su manto y del de la propia Tierra en una órbita baja, mientras su núcleo se hundía lentamente en esta. Sus restos, atrapados por la gravedad de la Tierra, acabarían colisionando nuevamente con esta, en un último estertor, dando final a su existencia. Como testigo mudo de la contienda, quedó un anillo de material orbitando una Tierra, cuya superficie se fundió debido al terrible impacto, y a la descomunal energía liberada en él, convirtiéndose en un infierno de lava. La Tierra existente antes de la catástrofe, había desaparecido para dar paso a una nueva y diferente.

Gracias al ángulo adecuado con el que Orfeo golpeo a la Tierra, el anillo de escombros que quedó en la órbita de esta, no volvió a caer de nuevo en ella, sino que dio lugar a la formación de nuestra Luna, en apenas un centenar de años. La Luna, al estar mucho más cerca, se vería entonces con un tamaño 15 veces mayor al actual, mientras la fuerza de su gravedad, 4.000 veces más intensa que en la actualidad, provocaría mareas de magma y roca. En el mar, las mareas serían gigantescas, adentrándose kilómetros en tierra y provocando que la velocidad de rotación del planeta se ralentizase, pasando la duración de los días de 5 horas a las 24 actuales, y provocando que la Luna se alejase, rápidamente al principio y más lentamente en la actualidad, a medida que la Tierra se ha ido enfriando y la energía generada por las mareas ha ido disminuyendo.

Esta es la teoría más aceptada actualmente por la comunidad científica, propuesta por William K. Hartmann, y que encaja mejor con las evidencias existentes: que la Luna tiene pequeño núcleo de hierro, que presenta ausencia de agua en las rocas, como las del manto de la Tierra, que la composición de sus rocas es muy similar a las de la Tierra, y que gran parte de su superficie, estuvo fundida en algún momento del pasado.

Difícil de creer, ¿verdad? Suena bastante fortuito o afortunado, y de hecho lo es. Las simulaciones por ordenador, nos permiten conocer que sí el ángulo del impacto hubiese sido diferente, si Orfeo hubiese chocado de frente, todo el material expulsado a la órbita terrestre en la colisión, hubiese quedado demasiado cerca de nuestro planeta, de forma que inevitablemente hubiese vuelvo a caer en él (como ocurrirá con los anillos de Saturno). Sin embargo, el material quedó lo suficientemente lejos para permanecer en órbita y formar nuestro satélite.

¿O debería decir satélites?

Sí, esas mismas simulaciones por ordenador, nos indican que existe la posibilidad de que se llegasen a formar dos Lunas, una de ellas más pequeña. Lamentablemente, y en caso de haberse producido realmente, este sistema no era lo suficientemente estable para subsistir, por lo que esa segunda Luna, o bien colisionó contra la Tierra, o bien lo hizo contra nuestra Luna actual, al cabo de algunos miles de años.

Y esta podría ser la clave de la doble personalidad de nuestro satélite, de la diferencia entre las dos caras de la Luna: la visible y la oculta, el yin y el yang.

Según Martin Jutzi y Erik Asphaug, de la Universidad de California-Santa Cruz (EE UU), el hecho de que la cara oculta de la Luna sea mucho más accidentada, montañosa y presente una composición química diferente con respecto a la cara visible, mucho más suave, pudo deberse a la colisión de una segunda Luna, más pequeña, a una velocidad de unos 2,4 Km/s, provocando la acreción de su material sobre nuestro satélite actual, en lugar de crear un gigantesco cráter.

Sea esta última teoría o no correcta, la sola idea de haber podido observar dos Lunas durante la noche es impresionante. Es inimaginable como habría afectado este hecho a nuestra cultura actual: nuestro arte, nuestra poesía…

Quién sabe, quizá Orfeo no dijo su última palabra y nos ha dejado un último testimonio de su existencia.

Fuentes:

http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_gran_impacto
http://www.agenciasinc.es/esl/Noticias/La-colision-de-una-lunita-puede-explicar-la-asimetria-de-la-Luna

Artículos relacionados:

La Luna se aleja de nosotros
¿Qué pasaría si no tuviésemos Luna? – Parte 1
¿Qué pasaría si no tuviésemos Luna? – Parte 2

Anuncios

Responses

  1. […] ¿La formación de dos Lunas? Like this:LikeBe the first to like this post. […]

  2. […] parecerlo, esta es una pregunta que tiene implicaciones muy importantes para todos nosotros. En un artículo anterior hice referencia a la formación de la Luna, a como esta pudo surgir a partir de la colisión de un […]

  3. […] pasaría si no tuviésemos Luna? – Parte 1 La Luna se aleja de nosotros ¿La formación de dos Lunas? Like this:LikeBe the first to like this […]

  4. […] pasaría si no tuviésemos Luna? – Parte 1 La Luna se aleja de nosotros ¿La formación de dos Lunas? Advertisement LD_AddCustomAttr("AdOpt", "1"); LD_AddCustomAttr("Origin", "other"); […]


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: